Póntelo...
12-01-2006 00:10:33
Estará contento con el regalo que te ha hecho...
Sobre todo porque, tú no se lo dirás, pero ese body transparente es lo peor que has visto después de los tangas de Aramis Fuster y los peluquines de Paco Porras.
Y cuando le dices que ese regalo solo te lo pondrás con él... el chaval, ¡animalito!, piensa que es por la fidelidad y todo eso pero no, qué va... ¡es por pura vergüenza!
Son las ventajas de sus regalos de lencería: no es necesario presumir de ellos, si son espantosos ¡¡nadie lo sabrá!! (Y a mí que me recuerdan al cinturón de castidad... seguro que con eso puesto, no se te acerca nadie...).
Además, aunque no lo diga, cuando un hombre regala lencería a su pareja -y más si es sexy (la lencería, no la chica)- en el fondo se está haciendo un regalo a sí mismo.
De pronto, llega una mañana y te llama al trabajo. ¿A que no sabes de dónde vengo? Pues no, claro que no. De una tienda de lencería. Para entonces piensas: oh Dios mío, ahora es cuando sale del armario empotráo.
Pero no. Parece que no. Que no, tonta, que me han cambiado el turno por el del otro día y he salido antes y he pensado... voy a llevarle el regalo que se merece (él realmente piensa que te quiere...).
Le preguntas: ¿y qué has comprado? Te va a encantar (lo cree profundamente).
Y de camino a casa vas cavilando a santo de qué ha pensado en un conjunto de lencería... que es como preguntarse a qué putón se lo habrá visto y le han entrado ganas (las mujeres siempre nos preguntamos cosas evidentes).
Entonces llega con el paquetito (con perdón) y te dice: ánda, póntelo. Y te lo pones, te espantas, te arrepientes de llevar seis meses con él y no haberlo intuido, te asomas y se pone... malo,
Y, claro, del póntelo al pónselo, hay un suspiro. Lo dicho, un autorregalo.
Sobre todo porque, tú no se lo dirás, pero ese body transparente es lo peor que has visto después de los tangas de Aramis Fuster y los peluquines de Paco Porras.
Y cuando le dices que ese regalo solo te lo pondrás con él... el chaval, ¡animalito!, piensa que es por la fidelidad y todo eso pero no, qué va... ¡es por pura vergüenza!
Son las ventajas de sus regalos de lencería: no es necesario presumir de ellos, si son espantosos ¡¡nadie lo sabrá!! (Y a mí que me recuerdan al cinturón de castidad... seguro que con eso puesto, no se te acerca nadie...).
Además, aunque no lo diga, cuando un hombre regala lencería a su pareja -y más si es sexy (la lencería, no la chica)- en el fondo se está haciendo un regalo a sí mismo.
De pronto, llega una mañana y te llama al trabajo. ¿A que no sabes de dónde vengo? Pues no, claro que no. De una tienda de lencería. Para entonces piensas: oh Dios mío, ahora es cuando sale del armario empotráo.
Pero no. Parece que no. Que no, tonta, que me han cambiado el turno por el del otro día y he salido antes y he pensado... voy a llevarle el regalo que se merece (él realmente piensa que te quiere...).
Le preguntas: ¿y qué has comprado? Te va a encantar (lo cree profundamente).
Y de camino a casa vas cavilando a santo de qué ha pensado en un conjunto de lencería... que es como preguntarse a qué putón se lo habrá visto y le han entrado ganas (las mujeres siempre nos preguntamos cosas evidentes).
Entonces llega con el paquetito (con perdón) y te dice: ánda, póntelo. Y te lo pones, te espantas, te arrepientes de llevar seis meses con él y no haberlo intuido, te asomas y se pone... malo,
Y, claro, del póntelo al pónselo, hay un suspiro. Lo dicho, un autorregalo.
Categoría: Introducción a la etología 0 Comentario(s) & 0 Referencia(s)
Referencias
Comentarios
Hecho con